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La Escuela
Escuela de la Orientación Lacaniana

La transmisión de una sonrisa
Jean-Robert Rabanel

Durante las exequias de Serge Cottet, el 7 de diciembre, en el crematorio del Pére Lachaise supimos del fallecimiento de Judith Miller. La Presidente de la Fundación del Campo freudiano aseguró esa función como valiente soldado por la causa, gastándose sin medirse.

Judith Miller estuvo presente desde el principio de nuestra comunidad de trabajo en Clermont-Ferrand. Había venido con Michel Sylvestre en 1982 a la sala 9 donde enseñó Bergson, para la sesión de cierre de mi seminario "Las formaciones del inconsciente" en el antiguo Liceo Blaise-Pascal. Al año siguiente sería Serge Cottet quien intervendría en el cierre de mi seminario "Fantasma y pulsión", bajo el título de "El deseo del psiconalista".

Judith Miller ha seguido el trabajo de nuestra comunidad como solo ella sabía hacerlo, con una sonrisa pero también con determinación. El boletín de la ACF-MC, Le Poinçon, publicó varios de sus textos en los números 5, 17 y 20. Ella contribuyó muy activamente en la realización de la obra de presentación del Centro de Nonette con Simone Rabanel y Claudine Valette-Damase. Vino varias veces a Clermont, especialmente, para las Jornadas de Primavera "El acto y la repetición" de 1987. Tengo también el recuerdo de una conferencia deslumbrante que vino a darnos en 1989, el año del bicentenario de la revolución francesa sobre el tema "Freud y los ideales de la revolución francesa". En el 2007 en Nonette y en Clermont-Ferrand, pronunció una intervención crucial para el Campo freudiano: "Reconfigurar", publicada en el N° 20 de Le Poinçon (páginas de la 62 a la 66). Estuvo presente también en el 2008 para las Jornadas del R13, "El diálogo con el autista".

Ella sabía como nadie llevar adelante las discusiones entre los grupos del Campo freudiano, por ejemplo, después de las Jornadas del R13 en Burdeos, durante el debate entre el R13, Cereda y el Cien. Pero también, al mismo tiempo, sabía dirigirse personalmente a cada uno a partir de un hecho particular de la vida. ¡Cuánta fuerza en una dama de apariencia tan frágil!

Ella nos mostró la vía hacia el Comité de iniciativa del Instituto psicoanalítico del niño (IE), que ella animó desde el principio con Daniel Roy, Alexandre Stevens y yo mismo, así como también a los responsables de las Jornadas del IE en Issy-les-Moulineaux. Judith Miller era el alma del IE, llevando en alto el nombre del Campo freudiano al seno de la Universidad popular Jacques Lacan (UPJL). "No hay huérfanos cuando la transmisión se realiza", escribe Ana Aromí para la comisión de la organización del XIvo Congreso de la AMP en Barcelona, en los mensajes de condolencias aparecidos en Dedalus. Efectivamente, no somos huérfanos ya que Judith Miller aseguró la transmisión. Pero esta gran dama nos hace ya falta.

Tengo este recuerdo preciso: durante el debate entre los grupos del Campo freudiano, hice mención de tener la triste sensación de perder la memoria y Judith Miller me recordó que "El inconsciente no conoce de tiempos". Desde entonces, no me hago más esa suerte de reflexión.

Otro recuerdo personal. Durante la apertura de las Jornadas del R13 en Clérmont en el 2008, el ascensor nos condujo al nivel de la gran sala de la Casa de los Congresos en vez de

dejarnos en el nivel de la tribuna donde debíamos llegar. Con mi movilidad reducida, se presentó la prueba de: ¡poder bajar todas las escalinatas sin el apoyo de una pared o de una rampa! Aquello me parecía irremontable. Judith me dijo lo más directamente posible. "Dígame, ¿cómo habría hecho Simone?". Vencimos entonces la adversidad y salimos bien de la prueba, sin daño alguno, frente a una sala llena.

Judith representa esa voluntad inflexible de llevar a cabo su deber dando la idea de lo que es un deseo decidido en la acción lacaniana.

Desde la muerte de Jacques Lacan en 1981, es decir, durante 35 años de relaciones de trabajo y compromisos con la Causa en diferentes acciones lacanianas, nos pasó de no estar de acuerdo y ella nos lo hizo saber con franqueza. Solo así, la discusión era siempre posible.

 

Traducción: Catery Tato