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La Escuela
Asamblea y Congresos Ordinarios

XXVI Congreso Ordinario de la EOL
 

Palabras del Presidente entrante, Gustavo Stiglitz
2 de diciembre de 2016

Discurso del Presidente entrante

Queridos colegas amigas y amigos, como seguramente les pasa a algunos de ustedes, estoy sorprendido.

Esto no estaba en mis cálculos, hasta hace un tiempo debo decir.

Asumir hoy la presidencia de la EOL, ser el número 25 de esta serie, no es otra cosa para mí, que un efecto analítico.

Partí de enarbolar durante mucho tiempo, demasiado, un semblante de habitar en los márgenes de nuestra Escuela. Casi un no querer pertenecer al grupo que me recibía como miembro.

Ese semblante solo se conmovió cuando una pasante me llamó para decirme que fui nombrado su pasador, en el dispositivo del Pase.

Lo cómico en esto - una de las facetas de nuestra comunidad según Jacques- Alain Miller - es que desde aquella tímida entrada aferrada a los márgenes, me orientó la certidumbre del acto en la relación con la Escuela, y no lo sabía. Digamos, que, como los prisioneros del apólogo de Lacan, no veía mi propio disco en el inconsciente.

Hace no mucho tiempo me encontré con el texto de Miller sobre la doctrina secreta de Lacan sobre la Escuela. En esto estamos!, me dije, el lazo secreto entre lo más íntimo y analítico de cada uno y la vida institucional en la Escuela.

Ese deseo de participación en la política del psicoanálisis y en lo institucional bulle en muchos de nosotros, a la espera de encontrar el punto en que se anuden lo estrictamente analítico y lo institucional.

Vengo del trabajo en un Consejo pujante, creativo, de consensos, no sin intensos debates, con argumentaciones analíticas para orientar la política de la Escuela.

Por lo tanto, vamos a sostener lo que este consejo y los anteriores han sabido ganar para que la causa analítica habite en la EOL.

Me refiero a las actividades entre los miembros, las conversaciones sobre teoría, el pase y la clínica.

También a la relación con y entre las secciones y con el IOM2.

Para el año próximo

Pienso a la Escuela en 2017 con dos desafíos fundamentales y no sin relación entre ellos.

Primero el desafío que constituye a la Escuela como tal: mantener la inquietud por responder a la pregunta "¿Qué es un analista?".

Es un compromiso del Consejo - y de todos los miembros de la Escuela - que el empuje al pase continúe, que el trabajo en la admisión y en la garantía esté orientado analíticamente, sin descuidar la cara institucional, es decir, de la vida asociativa.

Esto implicará sostener ese rasgo no segregativo que caracteriza al analista, por cuanto no se sabe lo que es. Como no se sabe, no hay un grupo que posea el atributo que lo vuelva analista y el grupo de los que no.

El segundo desafío - no es sin relación con el primero - en parte es nuevo y ha venido para quedarse y determinar el trabajo del psicoanálisis en extensión.

Me refiero, contrariamente a la anterior, a la vía segregativa que se impone como estilo de vida de la mano de las neurociencias.

Con ellas, lo segregativo aparece en todas partes. En las clasificaciones, en el modo de vida que comandan los discursos de la ciencia y el capitalismo que, entre otras cosas, segregan al psicoanálisis mismo.

¿Cómo vamos a responder?

¿Cómo llevar nuestro rasgo no segregativo allí afuera? ¿Qué afuera?

Cuidado! Es un afuera que habita en lo más íntimo de nuestro ser y que, como analizantes cada uno trata como puede.

El debate que deberemos darnos, es cómo haremos los analistas para llevar a la ciudad ese pedacito de vacío que haga inconsistir a los discursos hegemónicos.

¿Cómo haremos para hacer saber que las supuestas verdades inquebrantables de la pseudociencia, tienen pies de barro?

La cuestión tiene su importancia porque no se trata de difusión, sino de supervivencia del psicoanálisis. Esta, sabemos por Lacan, depende de que lo real insista, sí, pero también de cómo responder ahí.

Hay iniciativas de miembros de la Escuela por las que debemos dejarnos enseñar y que conviene incentivar y orientar.

Hay iniciativas del Consejo, que está en contacto con otras instituciones analíticas y de psiquiatras (APA, APdeBA, APSA) para formar un frente común en reuniones de asesoramiento para la reglamentación de la ley de Salud Mental de 2010.

Hay miembros de la Escuela en instituciones asistenciales y en las universidades. Algo vamos a inventar para que todo ese potencial consiga hacer escuchar el no-todo que nos caracteriza como hablantes y cuya exclusión del campo de la salud mental está en el corazón de las políticas de segregación.

Pero sobre todo, ¿cómo haremos, en tanto analistas, para hacernos escuchar y mantener a la vez en el corazón de nuestra Escuela ese agujero que llamamos "qué es un analista?"

¿Qué tipo de saber expuesto - a exhibir en la ciudad - nos está permitido al partir de ese agujero en el saber?

En suma, se trata de la puesta al día de la pregunta lacaniana de 1957: "Lo que nos enseña el psicoanálisis, ¿cómo enseñarlo?", en el sentido de la transmisión y también de cómo hacerlo presente en la comunidad ampliada, más allá de los analistas.

Me orienta aquí una idea de Adriana Testa en el discurso de asunción de su presidencia: "No hay voz de la Escuela". Efectivamente, hay la voz de cada psicoanalista.

Por eso, uno de los desafíos será hacer que esas voces resuenen con una orientación, la orientación lacaniana, para responder al Otro contemporáneo que golpea la puerta...del consultorio. Porque fuera de él, golpea en la cabeza y con muy malas intenciones.

Me orientan también ideas de los que me precedieron y de aquellos con los que compartí mi "práctica de estar en el Consejo Estatutario", como dijo Fabián Naparstek.

Algunas de estas cuestiones se vienen reflejando en nuestras jornadas nacionales y de las secciones. Estarán también presentes en las próximas.

En otro orden de cosas, una FAPOL cada vez más consolidada, invita a pensar en la posibilidad de fomentar las relaciones entre las tres Escuelas americanas en el marco de la Federación Americana y de la AMP.

Lo voy a confesar aunque ya se nota. Me gustaría que nuestra comunidad analítica se parezca lo más posible a la que quiso Miller cuando escribió las Nueve facetas de la comunidad analítica. Que tenga hacia las autoridades sociales "la reverencia necesaria y siempre mantener distancia e irrisión. Que sea a la vez, radical e irónica, seria y cómica".

Bien amigos, partí como dije al principio, de la soledad de los márgenes para llegar a la más altas cimas de otra soledad: la del "a solas con", como dice Miquel Bassols, o como nos enseñó el niño freudiano que estaba completamente a solas con su amiga Mariedl.

A partir de hoy y por un año, presidiré una Escuela que, como me lo hizo saber mi mujer hace algunos años, me preside.

Por supuesto que lo haré "solo con" mis colegas del Consejo Estatutario a quienes agradezco su confianza para delegarme esta responsabilidad y con los colegas del Directorio, contando con todos ustedes.

Por más resistencias y reparos que haya habido en relación a la política y la gestión, una vez visto el color del disco en el inconsciente, sólo resta consentir. Y yo también puedo decir que espero estar a la altura.

Muchas gracias.

Gustavo Stiglitz