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Textos presentados
Comisión de Garantía

Pruebas y marcas sobre el deseo del analista
Por Aníbal Leserre

Con este título quiero introducir en la conversación un aspecto, un eje y, a la vez, un rasgo, de nuestra tarea. No el único que, a mi entender, ayuda en la búsqueda, entre los miembros de la Escuela, a quien recomendar su posible nominación como AME (Analista miembro de la Escuela). Insisto, no es la única vía, pero no carece de peso.

No me detendré demasiado en la cuestión de las marcas ya que entiendo que las mismas se verifican a través del dispositivo del Pase; es el idóneo para tal fin. Los nominados como AE (Analista de la Escuela) y sus testimonios nos trasmiten sus marcas. Esto no es condición absoluta para nuestra recomendación, pero tampoco debemos dejarlas de lado. Es decir, simplemente, nosotros como Comisión de la Garantía, podemos servirnos de ellas.

Ahora bien, como marco, solamente recuerdo que si los diferentes títulos y nominaciones (AE, AME, AP) señalan que hay personas que funcionan como analistas y que dan pruebas, esta constatación de la función no asegura la existencia del analista, sino que la hace probable.

Si por el lado del pase tenemos un imperativo de demostración de existencia y de emergencia de la marca y no solo de la prueba del deseo del analista, la marca señala una consistencia sobre la causa analítica. ¿La prueba no es también un indicador?

Además, si el pase es poner en juego lo que le costó a cada uno conformar su deseo al deseo del analista (como sostiene Jacques-Alain Miller), sumado a la consideración de las bases neuróticas sobre el deseo del analista, estas bases no jugarían solo en relación a las marcas sino también en las pruebas. Entonces, esquematizando:

Marcas → Prueba directa, explicitación en el Testimonio

Pruebas → Tenemos que inferir a partir de ellas. Suponemos la existencia de las marcas.

Entonces, desde este esquema, presento el tema que es partir de la idea, y de una definición de lo que entiendo sobre el deseo del analista. Con la salvedad de pecar de reduccionista, diré que entiendo al mismo como el deseo de hacer existir el psicoanálisis, y esto lo ubico tanto en la práctica, en la política como en relación a la teoría del discurso analítico. Es más, sostengo que, en un sentido, el deseo del analista anuda las tres cuestiones señaladas.

Ahora bien, ¿de qué significaciones me sirvo para hablar de prueba? Por un lado, de los efectos de la acción que muestran, para el caso los miembros de la Escuela, ya que en esa acción tenemos la razón, la demostración, los documentos, a través de presentación de casos, sus intervenciones, sus artículos, una diversidad donde se puede inferir las maneras de hacer existir el psicoanálisis. Me atrevo a considerarlas como maneras de testimoniar sobre su deseo. También, como analogía, podemos pensar la prueba en fotografía: es negativa cuando los claros y los oscuros salen invertidos y positiva cuando los volvemos a invertir. Al fin, quedan en el negativo las reales luces y sombras. Pero, también, cuando se dice `da prueba`, se hace referencia a aquello a lo que se aplica la consistencia y/o firmeza de una cosa o cuestión, de un deseo.

Simplemente para terminar, diré que sostengo que es posible obtener las pruebas; pero para ser más precisos, no se trata de obtener, sino de leer entre líneas sobre lo producido por el miembro. Leer y escuchar en la conversación interna de la comisión los efectos de las mismas en los colegas; y digo conversación, porque la misma tiene un fin, una finalidad, destacar los nombres a proponer en el devenir de la Escuela y su incidencia en la ciudad.