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La Escuela
Escuela de la Orientación Lacaniana

Un paseo con la hija de Lacan: "No madeja do" *
Antonio de la Cueva (Sevilla)

A raíz del foro Internacional "Infancia bajo control", desarrollado a principios de junio del año 2012 en la ciudad de Sevilla, con el objetivo de romper la rutina de estar todo el día sentado y limitados en las salas dónde se llevó a cabo el evento, se ofrecieron unos paseos nocturnos a los participantes. De ahí surge este escrito, que intenta hacer semblanza de aquella noche, así como una muestra del homenaje, gratitud y recuerdo hacia la figura de Judith Miller, de todos los integrantes y allegados de la Sede de Sevilla de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis.

Como dice nuestro poeta sevillano Antonio Machado: "Caminante, son tus huellas/el camino, y nada más;/caminante, no hay camino:/se hace camino al andar". Dicho de otra manera, cada persona ha de recorrer su camino, saber agarrar el momento, aun con la incertidumbre de lo que habrá, y que no se ha de volver a recorrer caminos ya vivenciados, pues habrán perdido la emoción de la primera vez. Así fue nuestro paseo: único y singular.

El recorrido "De la ciudad de barrios a la ciudad monumental", partió con una invitación la noche anterior, pocas horas después de la llegada a la ciudad de Judith Miller, quien apenas había soltado la maleta, como si su equipaje estuviese a la espera de otra ciudad, de ninguna, o quizás de todas. Fue en una conversación informal ante un reducido número de colegas de la organización, que aún quedábamos allí, ya casi en la madrugada sevillana, cuando amablemente le sugerí que nos acompañase a uno de los paseos, que tendría lugar tras la conclusión del Foro internacional.

Pensaba que caería en saco roto, ante las múltiples responsabilidades que tendría que atender y el escaso tiempo de estancia, apenas dos días. Sin embargo, al día siguiente, ahí estaba a la hora acordada, justo al término del evento. Era la primera persona que me preguntaba la hora de salida del paseo nocturno por la ciudad. Tengo que decir que fue la primera en llegar y la última en irse, o mejor dicho, en acompañarme, dado que nos quedamos prácticamente solos en el recorrido. ¡Sí! Mientras los demás demandaban cubrir sus necesidades alimenticias e iban abandonando el paseo, ella quería saber más acerca de esa ciudad que íbamos construyendo a cada paso. Sin desfallecimiento alguno, estando atenta en todo momento, con la mirada de una niña mostrando, a cada explicación de los edificios, lugares o detalles, una inmensa curiosidad, a la cual no retrocedía sino que iba en aumento su determinación.

Tras esa imagen aparentemente de un cuerpo frágil, descubrí una persona fuerte, que en cada empeño o en cada deseo que coloca en algo, lo lleva hasta el final. Así que nos dio una lección fuera de las palabras, y más bien en lo tangible de lo espacial, en una voluntad decidida de que sus pasos hiciesen eco en su escucha, en su acción, en un saber diferente; pues era al revés, las palabras llegaban en la medida que nos acercábamos al espacio y no a la inversa.

El recorrido tuvo su escritura, pues cada rincón, cada lugar, en su vaivén en el tiempo, en los siglos, nos conducía a una cadena de datos, de historia, en una construcción nueva de la ciudad romana, musulmana, cristiana y barroca en esa puerta del nuevo mundo, que fue Híspalis.

Se eligió un eje común, algo que sirviese de guía en nuestro inicio y final. Dado que partíamos del Hotel dónde se celebró el Forum, al lado de la estación de trenes, dónde continuamente los viajeros cruzan su camino. En ese trasiego entre los que van y vienen, nos orientó su significante: "Santa Justa". Personaje, hoy leyenda, que nos acompañó hasta el final de nuestro trayecto a los pies de la "Giralda". Digámoslo así, escogimos un significante protector, que ya en siglos pasados sirvió a la ciudad para protegerla de los elementos catastróficos que la naturaleza imponía o desataba, como fueron los diversos terremotos que se suscitaron a lo largo de varios siglos, y que en nuestra ciudad principalmente fueron tres, aunque especialmente el más devastador fue el famoso terremoto de Lisboa, que ocurrió en 1755.

El siglo XVIII a través del movimiento cultural y artístico llamado barroco va a simbolizar a través de sus pinturas y esculturas a "Justa y Rufina", dos jóvenes hermanas carnales, que fallecieron en la época romana, mártires de su fe, en una época en la que el cristianismo se movía en la clandestinidad, frente a todo el movimiento pagano de la época. Por eso se representa en sus esculturas y en sus cuadros con la palma en la mano, símbolo de la fe, y al lado de la Giralda, ya sea en sus pinturas o en esculturas; como así aparece en la capilla de la Catedral muy cercana a la entrada de la subida a la torre de la Giralda.

Época que en algo tiene similitudes con la actual, pues el país, que había sido la primera potencia de Europa, pierde su hegemonía, produciéndose una crisis donde factores históricos, económicos y sociales, provocan que las actitudes vitales del hombre barroco fluctúen entre la resignación y la rebeldía. La población ve como cada día vive peor y no puede oponer ninguna resistencia. Decadencia, desconfianza, desengaño desvían a los españoles hacia la guerra, la administración, el clero o la emigración a América. Además de un conjunto de malas cosechas que encarecerá los precios, provocando el hambre, epidemias y muerte. Ahora la ciudad se va caracterizar por la miseria, mendigos y hospitales. Sin embargo, recibió el apodo de Siglo de Oro en el terreno religioso, cultural, artístico, literario, etc.

Tres siglos después, nuestra ciudad actual podría decirse que es un conjunto de barrios, con sus propias diferencias e identidades. Es por ello, que nuestro recorrido se inició atravesando el barrio de San Bernardo, comenzando por lo que antaño fue una laguna. A su paso comentamos algunos detalles, que pasan desapercibidos para el caminante poco advertido. Sin embargo, Judith con la curiosidad de una niña, prestaba toda la atención, sabiendo que aquel era un paseo único, que efectivamente nunca más se volvió a repetir.

Como si atravesáramos un antiguo túnel imaginario, que separaba el arrabal de las murallas de la ciudad, nos acercamos a los Jardines de Murillo, rodeando las murallas del Alcázar, y entrando por la Puerta de Jérez, puerta monumental ficticia, pues pronto nos condujo hacia los tres grandes monumentos declarados Patrimonio de la Humanidad en 1987. Por seguir un orden espacial: Archivo de Indias, Alcázar de Sevilla y la Catedral. En este último, al contemplarlo junto a la Giralda, quizás se cumplió lo que en 1401 desearon los canónigos que dispusieron que la misma se construyese, y que decía: "...Tan grande, que los que la vieren acabada nos tengan por locos".

Allí donde iniciamos nuestro recorrido, al lado de otra dama, alegoría de la fortaleza de la Fe, acabó nuestro recorrido. Ante un patio que da entrada a una de las puertas de la Catedral, contemplábamos una copia, maqueta tamaño natural de la veleta "Giraldillo", que estaba ante nuestros pies, como si las puertas del cielo, a través de sus columnas, nos invitasen por un día a esa fe inquebrantable por el saber. Un querer saber que no retrocedía y que cuando con cierta penumbra, contemplábamos la esfinge de esa mujer romana con la rama de palma en la mano, Judith seguía preguntándome qué era lo siguiente que íbamos a ver. Sin embargo, para entonces ya llevábamos casi tres horas de recorrido, había pasado la medianoche, sólo quedábamos en total cuatro personas del numeroso grupo que iniciamos el itinerario. Las zonas monumentales empezaban a estar vacías y a llenarse solo de operarios de la limpieza, que regaban y limpiaban las calles con agua. Así que nuestro recorrido acabó allí, en la oscuridad de la noche Sevillana, que casi se aproximaba a la estación del verano, entre la monumentalidad de unos edificios, que se disponían a pasar desapercibidos en la noche del sueño eterno, a la espera de la luz natural del día, pues la luz artificial se desvaneció, mientras Judith demandaba ante su mirada más palabras. Y nuestro paseo no acabo ahí, sino que rechazando ir en taxi a su hotel, prefirió acompañarme, otro largo trecho, al lugar de encuentro donde la organización había dispuesto una fiesta de despedida.

Gracias Judith por esa noche inolvidable.

 
* El logotipo de nuestra ciudad, que se compone de la palabra "No", una madeja y la palabra "Do": No madeja do), y se lee "No ma dejado", quiere ser nuestro homenaje a su figura. Nosotros los sevillanos, nos quedamos con ese testigo, esa rama de palma, que simboliza nuestro deseo porque la Sevilla lacaniana, siga transmitiendo el discurso analítico en la ciudad.