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La Escuela
Escuela de la Orientación Lacaniana

Recuerdos
Patricia Bosquin-Caroz

Hay encuentros que te sacan de tu territorio. Lo que he hecho con Judith es de ese tenor. Hubiera podido, en el fondo, quedarme con una belga provinciana al calor de su cascarón regional. No fue así. ¡Qué suerte! De Zazie a la Escuela.

Hace años, joven en aquel momento, apenas convertida en responsable del grupo belga de la Nueva Red CEREDA (Zazie) recibo un mensaje de Judith diciéndome: "¡Es hora de que Zazie salga de su región!". El chaparrón me caía encima apenas llegada a mi puesto.

¿Qué había hecho mal, ya que no había empezado todavía? Telefoneé para justificarme. ¡Me colgó el teléfono!

No conocía a Judith, he aprendido a conocerla. Descubría que sabía manejar la interpretación. Zazie salió de su región y se dio a conocer en lo que se denominaba entonces "El correo del Campo freudiano".

Así que he aprendido a no ir por libre, y a mirar siempre hacia lo que procede hacer. Con ella aprendí. Nada de descanso superfluo, que sin embargo coexistía con una gran generosidad. Sabía dar confianza a los jóvenes a condición de que fueran decididos. Ella los orientaba, los atrapaba, los empujaba, los propulsaba. Siempre extremadamente atenta a los balbuceos de su clínica anclada en lo social. Fue en el Courtil donde la vi por primera vez. Siempre se acordó de nuestro encuentro cuando, durante una reunión a la que ella había sido invitada, había presentado el trabajo de un niño en el taller de teatro que yo dirigía. Había quedado impresionada. ¿Por qué? Misterio. ¿Teatro con esos niños que no hablan, o poco? ¿El deseo del analista que choca con lo real? Durante nuestros intercambios posteriores me recordaba con frecuencia esta experiencia. Incluso hace dos años cuando me la crucé en París acompañada de su hija Eve.

Un encuentro que cuenta. Adiós querida Judith.

 
Traducción: Fe Lacruz