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La Escuela
Escuela de la Orientación Lacaniana

Judith, una elegante estrella en la lógica de los tiempos modernos
Philippe Lacadée

Tuve la suerte de compartir más de 20 años un trabajo con Judith Miller, primero en la refundación del CEREDA en la Nueva red CEREDA después, desde 1996, en la creación del CIEN y sus laboratorios (Centro Interdisciplinar sobre el Niño) tanto en Europa como en América latina. He aprendido mucho de ella.

"Hace falta adelantarse en el campo social, en el campo institucional, y prepararnos para la mutación de la forma del psicoanálisis. Su verdad eterna, su real transhistórico no se modificarán por esta mutación. Al contrario, se salvarán, si nosotros captamos la lógica de los tiempos modernos" [1]. Al hilo de esta recomendación de Jacques-Alain Miller, Judith avanzaba hacia el otro de manera singular.

Era su manera de estar-ahí lo que me había llevado a proponerle el nexo de la interdisciplinariedad, ejemplificando que el dispositivo del laboratorio de investigación del CIEN se estructura en torno a un lugar dejado vacío, lugar de "saber no saber". Existe solo por la presencia del discurso analítico, que no debe sostenerse gracias a un psicoanalista sino estar orientado por la presencia real de este discurso, que apunta a sostener el malentendido y el quiebro necesarios para una elaboración provocada. Judith por su saber hacer, encarnaba este lazo que nos daba la fuerza de enseñarnos sobre la disciplina del otro.

Quién mejor que ella sabía hacer girar el uso de los discursos, darle vida a la lengua que los sostiene y crear los momentos en los que hacer valer la lengua ambigua y equívoca, la única capaz de hacer girar el uso del sujeto. La puesta en acto de su práctica de la conversación permitía un encuentro entre el discurso analítico y el discurso de las otras disciplinas, para hallar la felicidad de otras palabras encontradas en el intercambio. Jóvenes de la prisión de una favela en Belo Horizonte, enseñantes de Bobigny o jóvenes raperos llegados a París un domingo desde Burdeos para intercambiar con Judith, muchos testimonian del efecto de transformación en la conversación entablada con ella. Su estilo de conversación interdisciplinar ha inaugurado un nuevo modo de lazo social, permitiendo a muchos partenaires escuchar y medir los efectos de un psicoanálisis más allá del Edipo, orientándose por lo real propio de cada uno.

Ella tenía la elegancia de un deseo decidido que sabía poner en movimiento, la mirada acogedora de una sonrisa dando su lugar a cada uno, la sencillez lúcida de una gran cultura, que enseñaba siempre de qué se sostenía el otro, incluso en su vida más precaria. Ella era sensible a los efectos de estrago del cuestionamiento del saber del Otro por esta "modernidad irónica".

Judith escribía en uno de sus numerosos editoriales del periódico Terre du CIEN: "En el CIEN el compromiso adquirido implica su permanente puesta a prueba: se elabora a la medida en los laboratorios, siempre diferente y diferenciada gracias al intercambio interdisciplinar, sin prejuzgar el decir y el hacer de cada uno. La excelencia del principio de "a medida" se sostiene en su precisión: induce en cada laboratorio una práctica paradójica de no disponer de otra unidad que la de la unicidad de los sujetos con quienes se entabla la conversación que crean lazos con múltiples formaciones y especializaciones. Considerando el Uno por Uno, nadie está adaptado, cada uno es adoptado…" [2]. Ella había captado "la lógica de los tiempos modernos" y ha participado ampliamente para que se salve el corazón de la práctica analítica: o sea, el encuentro con un analista y la dimensión de la transferencia.

 

Traducción: Fe Lacruz

NOTAS

  1. Miller J.-A., Le neveu de Lacan; Verdier 2003, p.124
  2. Editorial del periódico Terre du CIEN, nº 19