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La Escuela
Escuela de la Orientación Lacaniana

Judith Miller, no ceder en el deseo… con los otros
Montserrat Puig (Barcelona)

Judith Miller, presidenta de la Fundación del Campo Freudiano ha sido también presidenta de la Federación Internacional de Bibliotecas del Campo Freudiano. En el momento de la fundación de la FIBCF en 1990, recogió, además, el guante de un deseo joven e inexperto y dirigió Colofón, boletín de la Federación, para hacer de él la revista consolidada que es ahora.

En el editorial del número 1 de Colofón, en la primavera de 1991, presentando la fundación de la FIBCF eran los tiempos anteriores a la fundación de la AMP y se había fundado recientemente la Escuela Europea de Psicoanálisis , recordaba que la Fundación del Campo Freudiano "se define como una estructura de trabajo en forma de red". Sin duda ese trabajo orientado por el CF fue imprescindible para crear las condiciones de posibilidad de la fundación impulsada por Jacques-Alain Miller de las distintas Escuelas que hoy engloba la AMP. Y, en ello, las bibliotecas de cada lugar, tanto las ya existentes, la de Barcelona fundada por Masotta en 1977 y la de la École de la Cause freudienne, como las que vinieron después impulsadas por la FIBCF tuvieron y tienen un papel importante en las distintas sedes de las Escuelas.

En la misma editorial decía cuál es la función de la biblioteca de una Escuela: "En efecto, la elucidación de la práctica analítica, sin la cual sus fines y sus medios sufren un menoscabo inevitable, pasa por una elaboración informada, no sólo de sus propios avatares; sino también de los de la época en que es requerida. Las bibliotecas son un instrumento indispensable para realizar este trabajo. Ofreciendo una documentación de primera mano, sin la cual no puede concebirse ningún trabajo verdadero, ya sea de estudio o de enseñanza, ponen al alcance de todos un tesoro. El debate y la crítica son parte integrante del registro del trabajo en intensión y constituyen una de las bisagras entre este registro y la extensión. El debate no debe reducirse a un asunto interno que afecte a la causa analítica por y para ella misma; sitúa a dicha causa, en particular, en sus relaciones con la ciencia, para medir así como, aún teniéndola como condición de posibilidad, se distingue de ella del mismo modo permite evaluar sus consecuencias. Es decir que el trabajo en extensión y el trabajo en intensión se tocan sin por ello confundirse". Y daba orientaciones muy precisas acerca del trabajo a realizar y de las consecuencias que se pueden esperar de ese "instrumento" que es su biblioteca para una Escuela de psicoanálisis en la orientación lacaniana. Esta editorial de Judith Miller sigue siendo totalmente vigente y sigue orientando nuestro trabajo en este ámbito de la Escuela.

Judith Miller estaba atenta al deseo causado por el CF en cada uno y daba las orientaciones para que este sumara y produjera. Causó un deseo de "biblioteca" en cada Escuela y, más allá, propició la creación de bibliotecas del CF como núcleo y germen de comunidades para leer a Freud y Lacan. Siempre me impresionó, los diez años que trabajé con ella en los inicios de la Federación de Bibliotecas, su claridad en la política y su decisión en la acción para que la transmisión del psicoanálisis de orientación lacaniana fuera posible, para crear las condiciones de posibilidad, también en los lugares donde no había llegado la Escuela. Para hacer posible que se juntaran las personas a leer y a debatir, para que pudiera haber cursos y seminarios. Para que el "país del psicoanálisis" pudiera acoger a más y más tocados por ese deseo.

Judith Miller supo acoger mi deseo, tocado especialmente en mi análisis, con un respeto y una generosidad que implicaba, como no puede ser de otra manera, ponerme a trabajar; único modo de darle dignidad y reconocimiento al deseo. Me enseñó en acto que no ceder en el deseo, si bien es para cada uno a su manera, también es con los otros.

Recibí, cuando permuté de mis responsabilidades de la FIBCF y de Colofón, su sincero reconocimiento. Trabajar con Judith Miller ha sido imprescindible en mi recorrido de formación. Todo mi reconocimiento y mi agradecimiento que, en este momento de profunda tristeza por su pérdida, me impulsa a persistir.

La barrera invisible María Cristina Giraldo (Medellín)

Alguna vez le dije a Judith que me avergonzaba no saber francés, porque era una limitante en mi función en Colofón, y me preguntó: "¿Y por qué? Yo no sé español, pero lo hablo y lo escribo y no me da ninguna vergüenza". No conocí nada que le pusiera un límite al trabajo con Judith, y los idiomas jamás serían la excepción. Cuando me sorprendo de que la transferencia con mis colegas atraviese, muchas veces sin darme cuenta, la barrera invisible de los idiomas, siempre recuerdo que eso, como tantas otras cosas, me lo enseñó Judith. Le encantaba la sonoridad de los dichos porteños, que soltaba así, sin más: "¡Qué bárbaro!". Cómo nos divertimos trabajando con nuestra querida "parisina porteña" como le decíamos con afecto. Lo bárbaro es haberla tenido cerca. Y es que Judith es nuestra y de cada uno, de los que trabajamos con ella y aún de los que no lo hicieron, pero les fue imposible no causarse en lo vivo de su orientación. Quienes hicimos parte de las bibliotecas siempre pudimos contar con Judith en las actividades, en los proyectos, en las invenciones, en los impasses, en lo cotidiano del devenir de las mismas. Judith dignificó en acto al trabajador decidido de la Escuela de Lacan. Ella lo fue siempre. No le importaba la notoriedad, sí el trabajo, la orientación y la acción lacaniana en el Campo freudiano.