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La Escuela
Asamblea y Congresos Ordinarios

XXVIII Asamblea Ordinaria de la EOL
 

Discurso del Presidente saliente: Leonardo Gorostiza
7 de diciembre de 2018

Estimados colegas, queridos amigos de la EOL:

Seguramente ustedes recordarán el énfasis que hace exactamente un año, cuando tuve el honor de asumir la Presidencia del Consejo de nuestra Escuela, puse en torno al discurso analítico, en torno a la necesidad de cuidar esa frágil brújula de la que disponemos para orientarnos. Lo mismo subrayé en la intervención durante la última Asamblea General de la AMP en el mes de abril y en mi intervención -cuando tuvimos el gusto de recibir entre nosotros a Eric Laurent- cuando propuse llamar, a ese único amo al cual debemos servir, el discurso analítico, “un amo paradojal”. He machacado mucho sobre esto.

Tal vez algunos también recuerden que hace un año subrayé que al intentar nuevamente, una vez más, centrar la política de la Escuela en torno y a partir del discurso analítico, no estaba haciendo otra cosa que proseguir lo que plantearon los dos presidentes de la EOL que me precedieron, Fabián Naparstek y Gustavo Stiglitz. Recordé entonces que Fabián al asumir su presidencia hizo hincapié en la “Teoría de Turín sobre el sujeto de la Escuela”, conferencia de Miller íntegramente basada en el discurso analítico. Mientras que Gustavo, por su parte, tomó como punto de apoyo la llamada “doctrina secreta de Lacan sobre la Escuela” que ha sido, según Miller, la de intentar siempre una conjunción inédita entre lo estrictamente analítico y lo institucional.

Podemos verificar así que, efectivamente, proseguimos con la misma orientación. Una orientación que este año que ahora concluye nos ha permitido propiciar lo que llamaré una cierta estabilización, una cierta estabilización respecto de las turbulencias que debimos afrontar durante el año 2017. El trabajo con mis compañeros en el interior del Consejo que hoy concluye sus funciones, ha sido crucial para obtener este efecto.

Se trata entonces de un efecto de cierta estabilización que, como sabemos, nunca es definitiva. Lo cual tiene su aspecto positivo ya que requiere que, una y otra vez, en particular quienes tienen a su cargo las responsabilidades de las instancias de conducción de la Escuela, pero también cada uno de sus miembros, desde el lugar que sea, velen para que el discurso analítico prosiga, no dominando, pero sí posibilitando que la hiancia que existe entre los discursos sea fecundamente explotada.

Porque, tal como señalé en el mes de mayo, si concebimos el discurso analítico como lo que emerge y, al mismo tiempo, como lo que posibilita el paso de un discurso a otro, podemos concluir que en una Escuela de psicoanálisis, el anhelo de que sea conforme a dicho discurso debe entenderse como que ningún discurso se fije, se cristalice. Esto implica servir a ese “amo paradojal” que, precisamente, no tiene ninguna voluntad de dominio. Es decir, un discurso de donde puede surgir otra política que la de masas: una política de no dominio que hace de un esfuerzo de poesía su instrumento fundamental.[1]

Así, tal como dije también hace un año atrás, la idea central que me guio y nos guio a todos los miembros del Consejo durante este año fue hacer del discurso analítico el punto de apoyo de nuestras acciones tanto hacia lo que llamamos el “interior” de la Escuela, como hacia el “exterior”. Eso es lo que nos preguntamos con mis compañeros del Consejo Estatutario cada vez que tomamos una decisión: ¿estamos sirviendo así al discurso analítico?

En este sentido, no voy a reiterar lo que de estas acciones ya fue plasmado en el informe del Consejo sobre el cual hace unos minutos hemos discutido.

Solo quiero destacar dos puntos.

Primero, lo que señalamos diciendo que se alcanzó un sensible equilibrio que permitió diferenciar con nitidez lo que hace a las actividades de Zadig y las propias de la Escuela, y donde la decisión de que las actividades de los nudos de Zadig Argentina se desarrollen fuera del ámbito físico de nuestra sede cumple un rol fundamental. Como hemos dicho, esta nueva “sinergia”, teniendo en cuenta la complejidad de dicha articulación, comenzó con la puesta en marcha de la Coordinadora Zadig que ha tenido y tiene también un rol fundamental en el mantenimiento del equilibrio señalado. Además, las actividades Zadig tuvieron un punto de inflexión decisivo a partir de la Jornada Zadig realizada con la presencia de Eric Laurent, y, más recientemente, con Guy Briole, a quienes quiero agradecerles públicamente, en nombre de nuestra Escuela, su trabajo finamente orientado. De este modo, entiendo que comenzó a ponerse efectivamente en forma lo que expresara Jacques-Alain Miller en “Campo freudiano, Año cero”: la Red Zadig “... no se confundirá con la AMP, ni con sus Escuelas, constituye más bien una extensión (de las Escuelas) al nivel de la opinión.”

Lo segundo que quiero destacar, es la importancia que ha tenido la decisión del Consejo por unanimidad de haber hecho saber a las autoridades de la AMP acerca de la voluntad decidida de los miembros de nuestra Escuela y de sus instancias de que Buenos Aires fuera, una vez más, la sede del próximo Congreso de la AMP 2020. Es por ello que, tal como señalamos en el informe, una vez anunciada la decisión por parte de la AMP hemos hecho saber a sus autoridades nuestro beneplácito y también el compromiso que asume la EOL –y cada uno de sus miembros- en acompañar y sostener dicho evento siempre crucial para la marcha del psicoanálisis de la Orientación lacaniana en el mundo.

He mencionado la intervención de Jacques-Alain Miller “Campo freudiano, Año cero”. Es una intervención que muchas veces nos ha guiado durante este año y que merece ser leída una y otra vez por cada miembro de la Escuela. ¿Por qué? Porque allí Miller indica con precisión diversas formas en las que se puede producir lo que en otro lugar llamó “la abyección” de los psicoanalistas. La abyección que es la que surge cuando los psicoanalistas no estamos a la altura del discurso al cual decimos servir y cedemos a los encantos de las identificaciones que hacen masa. Si la tendencia hacia la identificación que hace masa es una tendencia “natural” del sujeto, aflojar dicha tendencia es a lo que toda política que se precie de ser analítica debe apuntar. No me caben dudas de que el próximo Consejo proseguirá con esta misma orientación.

He mencionada la palabra “abyección”. Jacques-Alain Miller recuerda que cuando Lacan le pidió que hiciera un índice de conceptos para sus Escritos, en noviembre de 1966, pensaba que dicho índice podría ser alfabético -cosa que luego descartó- y lo telefoneó diciéndole que el primer concepto debería ser el de “abyección” porque es con lo que él tenía que vérselas con los analistas.[2]

“Abyección” es una palabra fuerte. Significa, entre otras cosas, “degradación”, “servilismo”, “bajeza”, “indignidad”. Es decir, la degradación que supone rebajar el discurso analítico al discurso del amo. Y es por eso que Miller no ha dudado en llamar a la nueva red de incidencia política “ZADIG”, Zero Abjection Democratic International Group (Grupo Democrático Internacional Abyección Cero).

Muchos recordarán que el año pasado al producirse la permutación de la Presidencia del Consejo, Gustavo Stiglitz, el entonces Presidente saliente me regaló, siguiendo una cierta tradición, una bella lapicera. Una lapicera que llevaba precisamente una inscripción: “Zero Abjection” (“Abyección cero”). Debo decirles que esa lapicera me acompañó todo este año, en cierto modo, recordándome que siempre debemos hacer el esfuerzo de contrariar –nadie escapa a esto- lo que es nuestra tendencia natural de sujetos. Creo, y espero, haberlo logrado.

Pero, claro está, esto no hubiera sido posible sin el apoyo, a través de un permanente trabajo de conversación, que realizamos con mis compañeros del Consejo a quienes les agradezco esa indeclinable vocación. Me refiero a Guillermo Belaga, Gabriela Dargenton, Osvaldo Delgado, Aníbal Leserre, Daniel Millas, Marina Recalde, Gustavo Stiglitz y Diana Wolodarsky, Directora de la EOL, con quien particularmente hemos trabajado de manera estrecha este año en la articulación Consejo-Directorio. Directorio a cuyos miembros también agradezco su labor infatigable: a Leticia Acevedo, Cecilia Rubinetti, Walter Capelli y Nicolás Bousoño. Así como también agradezco a Mónica Wons, silenciosa, reservada –como conviene- y precisa Secretaria de Actas del Consejo.

Y si destaco el término conversación –sobre el cual Aníbal Leserre puso reiteradas veces el acento entre nosotros- es porque, tal como dijimos en nuestro informe, dentro del Consejo hemos podido comprobar que es posible, sosteniendo una elaboración y conversación permanentes, lograr un trabajo que incluya las diferencias pero bajo una orientación común: la Orientación Lacaniana. Este es un punto indeclinable.

Así, la práctica de la conversación se nos revela como “la práctica esencial de los miembros de una Escuela”[3] y es por ello que hay que sostenerla, promoverla. Porque si tenemos presente que la práctica de la conversación “significa que el otro tiene siempre algo por decir”[4] y por lo tanto, encarna en acto, “la desuposición del saber del Uno”[5], es la práctica que conviene al más allá del Edipo[6] siendo así congruente con el discurso analítico que es el reverso del discurso del amo que a su vez es, si puedo decirlo así, el discurso del Edipo.

Estimados colegas, queridos amigos:

En lo personal, este momento tiene una significación muy especial para mí. Han sido muchos años durante los cuales he tenido el gran honor y la enorme responsabilidad de sostener funciones de conducción en nuestra comunidad analítica: desde la Dirección de la EOL en 1996, luego la Dirección del Instituto Clínico de Buenos Aires durante diez años, pasando por la Presidencia de la AMP y hoy concluyendo con esta Presidencia del Consejo de la EOL.

Y si he podido, como creo, haber estado en general a la altura de la tarea, ha sido porque he contado desde el primer día y hasta este momento, con aquello que Lacan en una oportunidad dijo que era lo más valioso con lo que uno puede contar, la confianza, en este caso, la confianza de cada uno de ustedes o, mejor dicho, de la mayoría de cada uno de ustedes.

Pero cerrar un “ciclo” no significa “pasar a retiro”. Proseguiré, como siempre, desde el lugar que sea, como le corresponde a cada uno de los miembros de la Escuela y de la AMP, proseguiré intentando interpretar a la Escuela sujeto cuando considere que sea necesario. Lo cual no es algo a esperar solo de parte de los AE.

Por eso, para concluir, les recuerdo una vez más, y a riesgo de machacar, la frase que este año que hoy concluye les propuse como divisa:

“No seremos nosotros quienes venceremos, sino el discurso al cual servimos”.

Muchas gracias.

(El Presidente saliente, siguiendo cierta tradición, a continuación entrega al Presidente entrante dos obsequios. El primero un libro de autor de un artista plástico argentino de su amistad haciendo mención al gusto y a la pasión del Presidente entrante por la pintura algo que éste también ejercita. El segundo, es la misma lapicera que le fuera entregada por el anterior Presidente saliente y que lleva la inscripción Zero abjection, Cero abyección, señalando que está seguro que el nuevo Presidente sabrá, con su estilo, hacer un muy buen uso del valor simbólico que la misma tiene).

 

NOTAS

  1. Miller, Jacques-Alain, Un esfuerzo de poesía, Paidós, Argentina, 2016, pp.209-212. Allí Miller destaca una interesante oposición, la del uso del significante con fines de goce (poesía) o con fines de identificación (política): “… se nos presenta la siguiente alternativa: la poesía o la política.”
  2. Miller, J.-A., “Zadig entre en Italie”, en LQ 706, 25/05/17.
  3. Miller, J.-A., Seminario de investigación “Introducción al post-analítico”, en El peso de los ideales, COL N°5, Argentina, 1999, p.21.
  4. Ibídem.
  5. Ibídem.
  6. Ibídem, p. 22.